Institucional

Solo le pido a Dios

AMA2

Para arrancar quiero aclarar que mi relación con la teología es nula. Será que uno cuando se hace grande se desencanta con ciertos temas que antes eran intocables. Con la Iglesia me ocurre un poco eso. Con la Iglesia institución, digo. Es un tema tan delicado y con tantos ribetes que para mencionarlos, de mínima, hay que tener un compromiso del cual carezco.

Hago esta aclaración por el título de la nota, porque la palabra Dios se relaciona directamente con la Religión. Y acá si separo la institución de eso a lo que llamamos Dios. Son dos cosas distintas, al menos para mi. Con Dios la cosa es diferente y acá si hay un punto para Él. Todos, alguna vez, indefectiblemente, nos aferramos a algo del más allá cuando la cosa se puso jodida. Si el final fue feliz, miramos al cielo (porque en teoría ahí habita) y le guiñamos un ojo por estar de nuestro lado. Cuando la cosa acabó mal, puteamos con la rabia a flor de piel. Somos un poco así nosotros los argentinos. Tan perfectamente indescifrables como únicos.

Carlos Verderico se arrodilló, cerró los ojos y se encomendó a su Dios que vaya uno a saber cuál es en su filosofía de vida. Alguien lo capturó a la distancia en una imagen que no deja de ser tan perfecta como pixelada. Verderico era un poco todos nosotros, condensados en esa foto que quedará para siempre y tendrá miles de retweets.

Del otro lado del Estadio se definía el título ochocientos catorce entre los mismos de siempre. Es que el hockey sobre césped en estos lares del mapa es un deporte donde juegan once contra once y donde siempre dirimen el campeonato Alemán y Vistalba. A veces nos toca a nosotros (por suerte últimamente bastante seguido) y otras, a ellos, nuestros primos, que hacen que todo siga teniendo sentido. Porque ganarle a J.K Rowling (que no sabemos si es un equipo o la que inventó Harry Potter) 20 a 0 no es lindo. Porque a nosotros nos gusta que sean ellos y a ellos nosotros. En el torneo que sea, en el lugar que sea, en la cancha que sea.

Y el partido que tuvo de todo con ellos arrancando arriba en un primer tiempo donde dimos asco, por ser sútil. Nos perdonaron, mientras nosotros (los que no incidimos en el resultado) nos aferrábamos a nuestro Dios al punto de no morder la lona, pero casi. En el segundo tiempo Alemán fue ese Alemán de finales con un Leo Coria inmortal dando la cara cuando estaban por hacer sonar la campana. Hasta que Pipo Ponce parecía dejar todo como casi siempre, con esa definición a la pasada, pero no. Otra vez ellos y un empate agónico para ir a los benditos penales.

Podría relatar la cronología de las ejecuciones pero sería un poco más de lo mismo que hacen los demás colegas. Lo vimos todos. Que metió éste, que falló aquél. Iba a hacerlo. Hasta que vi esa imagen. Era nuestro técnico, si, por más que casi no se vea por la pésima calidad. En teoría nuestro guía, el que debe aparecer en los momentos más difíciles, en un lugar que es cualquiera menos el banco de suplentes.

Ahí está el tipo, arrodillado, con los ojos cerrados, encomendado a su Dios. Entregado, como estaba Alemán en ese primer tiempo donde Dios miraba la tele. Entregado como quedó Alemán cuando se acabó el partido y había dado todo lo que tenía que dar. No se si fue ese Dios, o el mío o el de algún hincha de por ahí el que lo hizo posible. A él y a estos jugadores, gracias por hacerlo de nuevo.

 

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