Hockey

Picada de domingo

a

Mauro Valencia hizo un gol antológico de emboquillada con el que Alemán le ganó a Obras 5 a 1. Música, Maestro.

Leo Coria estaba afuera del área. Lejos, muy lejos de su lugar en el mundo. Parecía marcador de punta o volante por derecha, camuflado con la nueve en la espalda, como para despistar. Recibió la bocha al lado de los ojos de Carlos Verderico e inventó un pase riquelmeano que cruzó de lado a lado la calurosa arena de la cancha de Obras.

A partir de ahí fue todo de ficción, de mentira, guionado por un director de Hollywood. Valencia recibió como número once y congeló la cinta para reproducirla un millón de veces, hasta el hartazgo, para pasarla en los compactos de fin de año y en el video de sus bodas de oro.

El gesto técnico de controlar la bocha en una cancha imposible, el giro ante su marcador que queda de seña, la vista que en una fracción de segundo pasa del palo al arco y del arco al palo, y el stick que se hunde en la carpeta para iniciar un globo que vuela hacia la eternidad. Y el 8 que mira, confiado, hasta medio canchero porque sabe lo que viene mientras el sol le pega de refilón en la cara. Y el ruido de la tabla que a esa altura de la gesta es una caricia inolvidable.

Afuera la gente aplaude, adentro todos los abrazan al capitán que agradece tanto cariño junto. El número del gol ya no importa, el resultado tampoco, ni la boleta del gas que venció hace rato y sigue sin pagarse. Para los presentes, la tranquilidad que después de ésto, el domingo ya no podrá hacernos mierda con su depresión de atardecer.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *