Hockey

Perdónenlos

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Tengo dos maneras de escribir la nota que sigue a continuación. Una, la que me enseñaron en la facultad de Periodismo, esa que habla del partido, los goles, la síntesis y todo eso que ya está saturado en todos los medios de comunicación locales.  Es un camino para hacerlo, quizás el camino políticamente correcto, pero hay otra forma, que es un tanto más amena, si se me permite. Para empezar quiero decir que el logro deportivo ya no me interesa. Es la noticia menos noticia de todas: eso de que Alemán ya salió campeón y se lo dedicamo’ a todo’ la re Lara Lara que lo re parió. Basta viejo, es más aburrido que la zaga de los Supercampeones, donde ganan siempre los mismos. Un tuit que leí ayer lo resume a la perfección: «Alemán campeón. No importa cuando leas ésto».

Ahora bien vamos a lo importante, y lo importante hay que graficarlo en una frase de Viejas Locas (o de Intoxicados, no me acuerdo, para el caso es lo mismo) que dice en alguna de sus estrofas de por ahí: «Estamos enfermos. Perdónennos».  Con esas tres palabras creo que sobra para explicar lo demenciales que son estos pibes. Están de la cabeza, todos, absolutamente todos en su conjunto. Y lo que más me preocupa es que no tienen cura, aunque supongo que está bien así. Está hermoso así. Porque sí, porque la vida no es más que eso, lo de atesorar momentos, digo. A mi sinceramente no me importa un campeonato, con una mano en el corazón, no me interesa. He cubierto unos tantos desde que trabajo de periodista y me resulta un verdadero embole que un protagonista me diga que «Fue un torneo difícil, una gran final ante un tremendo rival». Papito, hasta cuándo el casette, si esta es la era del Bluetooth y la mar en coche. Por eso soy redundante con lo de la locura, porque no quiero que pase por alto y se esfume así no más, como se esfuman los títulos. Lo de anoche en ese quincho, que es quincho y también es testigo de ésto que vengo diciendo, es para llevárselo entero al baúl de los recuerdos. Un asado que sale a las ochenta de la noche, un freezer embadurnado con lo que hace falta para brindar y un sin fin de personas que perdieron la cordura. Hasta hay un australiano, si con unos rulos que le explotan en la cabeza y un español espantoso. Y el tipo está ahí, con una bandera de Alemania en los hombros, un fernet en la mano y bailando Rodrigo, más argentino que el dulce de leche. Afuera no se consigue. O sino que lo explique el Carli, que parece un nene en una juguetería con un vale por diez lucas luego de su exilio belga.

Seguramente vendrán más noches como esas, simplemente porque Alemán volverá a ser campeón el torneo que viene, y el otro, y el que sigue también. Repetiremos lo mismo: lo del asado, el salud, la vuelta olímpica de noche y la última conexión a las 8 de la mañana, por más que hoy este tomando Gatorade azul y un arsenal de pastillas para pasar la resaca por culpa de ustedes, de quién sino. Los perdono, por el simple hecho de ese temita de Viejas Locas (o Intoxicados): porque están enfermos. Todos enfermos.

PD: les debo la nota de la final, que dicho sea de paso es para lo que me pagan. Hay mucho de eso En todos los medios de comunicación, seguramente más lindas y objetivas que un relato propio.

Foto: MDZ

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