Institucional

No te creas tan importante

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Nico Sedano dice adiós al hockey, al menos por ahora. Con su perfil subterráneo, la catarata de títulos y el placer de haber jugado con sus amigos de toda la vida en el club que ama. 

Nicolás Sedano labura de empresario gastronómico, si, oficio medio exuberante por no decir fantasma. Aunque a fuerza de ser sincero, es la verdad. No creo que lo ponga en el casillero de «ocupación» cuando llena algún formulario, porque a decir verdad, no le importa.

El otro día lo vi, a Nicolás Sedano, saliendo de un negocio gastronómico con una mochila en la espalda (esas que parecen, las que canjeas con los puntos de las estaciones de servicio), así como cuando tu vieja te manda a la primaria con la merienda especial en el bolsillo más chico para que no se mezcle con las carpetas. Me saludo de lejos porque yo venía a las corridas y siguió camino como si nada.

Hay veces que pienso que a Nicolás Sedano la vida no le calienta demasiado, que es humano y paga la luz para que no se la corten, que come 4 veces al día porque lo vio en alguna revista, que abre un negocio gastronómico porque si, para que vayan sus amigos a tomar café y no cobrarles. Que es arquero porque un día faltaba uno y él se ofreció para evitar que se peleen los demás y que la rompió toda aunque en verdad no se acuerde.

Nicolás Sedano es el uno de los mejores arqueros de Mendoza de 10 años a esta parte aunque diga que no, que en otros clubes hay otros colegas mucho mejores, que entrenan más y toman suplementos vitaminicos mientras estan en el gimnasio haciendo hipertrofia.

Sin embargo, a Nicolás Sedano los trofeos se le caen de la vitrina de la pieza. Es que ganó todos (menos el primero) los que tiene Alemán en su haber. Desde que arrancó en esa adolescencia que le desbordaba de los huesos hasta hoy, que es un empresario gastronómico que usa mochila y ataja con sus amigos los fines de semana.

Jugadas para repasar de todo tipo y color, tapadas imposibles, salidas con el pie, indicaciones con el casco en la mano con el «Viejo» en alguna palabra de la oración que se escucha desde el fondo de la cancha mientras Alemán gana uno de sus quichicientos partidos.

Hoy Nicolás Sedano dice adiós, medio de costado, porque básicamente no es su idea la de alardear un retiro que viene meditando hace mucho tiempo. No va a ponerlo en instagram, no va a hacer una historia filmando los pats en la lavandería de su casa con una frase tipo «Gracias por todo». No. Los pats no tienen vida aunque lo salvaron de la muerte más de una vez.

Hoy, Nicolás Sedano está tranquilo porque sabe que atrás viene otro animal como Córdoba que cuidará bien el patio de su casa mientras el revisa las comandas al final del día y se toma un vino cuando la cajera hace el cierre. En el medio de ese viaje hay amigos, torneos, títulos, viajes, defensores puteados, voladas imposibles, abrazos de gol con el líbero de turno…la mochila en los hombros y la tranquilidad de saber que dio todo lo que no tenía (y también más) por esa camiseta que tanto ama, y que por cosas del deporte, siempre la uso en otro color.

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