Hockey

Le rompió el año

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Alemán venció (otra vez) a Vistalba, ésta vez en la final anual, y dejó la serie de títulos 2016 dos a uno: ambos ganaron un local, la diferencia la marca la Liga Nacional. Chau, Felicidades

Ayer escuchaba una charla entre unos mayores. Hablaban de lo que siempre hablan unos mayores, eso de lo difícil que está todo, que el país no tiene futuro y que el 2016 fue un año decididamente malo. Eso, lo de la charla negativa, fue en la tarde del domingo, minutos antes de salir para el Malvinas. Me fui el trayecto casi con la mente en blanco, pensando realmente en todo eso que nos aqueja a los argentinos. Siempre extraño mucho esa parte de mi niñez, cuando era tan sólo un chico con la obligación de divertirme en el recreo. Después vino la facultad, los trabajos, las obligaciones, los impuestos y todo eso que me hizo grande. En ese crecimiento habita el ejercicio de prestarle atención a los mayores, situación que antes no existía y que ahora enfrento con el mayor de los respetos. Por eso mi congoja ante tanto prólogo de tragedia, porque sigo cometiendo la guachada de ilusionarme con cosas que considero simples. Alemán es algo de eso, algo de todo eso. Un club social y deportivo que parece un mundo cuando uno se sumerge y lo conoce bien. Un mundo enorme que habita en esos pocos metros físicos, y que al cerrar este año, balanceo con el mayor de los optimismos. Porque el hockey sobre césped volvió a demostrarme que no todo esta perdido, al menos aún. Porque la alegría que significa ganar un campeonato sirve para amortizar un poco todo eso negativo que reflejan los noticieros y que hablan mis mayores. Y si bien esa alegría es tan solo deportiva, sirve para aplacar un poco tanta incertidumbre que anda suelta por la calle. Por eso me gusta la idea de inocular en una copa, que temporalmente es anual, el esfuerzo de todo un grupo que se mató durante meses. Hay un esfuerzo invisible, casi desapercibido, de estos pibes que posan en esa carpeta de agua. Muchas horas de entrenamientos, de dejar el trabajo, la familia y todo para llegar a estar delante de ese banner publicitario donde posan los campeones. Por eso, cuando veo la sonrisa arrugada, los abrazos interminables y el éxtasis liberado en esa vuelta olímpica me continúo convenciendo de que siguen estando esos momentos para guardar en el baúl de los recuerdos, y sacarlos a relucir cuando haga falta. Más aún, si en esos títulos alberga el aliciente de ser el mejor del país, venciendo en la final a los primos y llegando a una cima que alcanzan unos pocos peligrosos sensatos. Por si fuera poco está ese detalle final, de volver a ganar el clásico en la corona que dirime al mejor de la temporada. Quizás no, seguramente, éstos sean eventos poco importantes para la realidad mundial, pero entre nosotros (y para nosotros), que lindo es. Como decía un conocido técnico de Boca: Chau, felicidades. Quizás se les de el año próximo.

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