Hockey

El día que descubrí la verdad de Nieto

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Ayer mientras volvía manejando a casa estuve al borde de chocar tres veces. Lo fácil será pensar que iba enfrascado en el celular, algo que me alegra ratificar como mentira. Alemán acababa de clasificar a la final veintiseismil de un tiempo a esta parte y yo intentaba descubrir la receta del éxito. Desde hace unos meses he comprobado que hay gente que nace con con un toque diferente, un pequeño detalle que los hace únicos, algo que he trasladado también a los equipos deportivos. Este Alemán es de este tipo de equipos, y lo compruebo a cada torneo.

En el semáforo de Palmares me tuvieron que tocar bocina, otra vez la mente en blanco, medio perdido, la vista en la nada (o quizás obnubilado por la muestra gratis de hockey que acababa de presenciar). Pensé en los chicos, en el cuerpo técnico, en las familias, los nenes de inferiores. y esta vez (como tantas otras) pensé en Nieto. Es que ese Narigón medio Alario volvió a ser el héroe de la foto gracias a los dos goles de corto y hasta un festejo que para mí él mismo no quiere vivir. Es que tengo un pensamiento muy personal, todo mío, en donde siento que Nieto no disfruta del hockey, como que es un laburo al que tiene que ir como todos los mortales con el perno de trabajar encima los fines de semana y donde siempre es el empleado del mes.

Cuando me baje en casa me reí un poco para mis adentros. A veces es curioso lo lejos que puede llegar la fantasía si uno no le pone límites. Siendo las doce de la noche de víspera de feriado, posiblemente Nieto estaba en una previa rodeado de amigos, inmortalizando el momento en Instagram (en la fotos que no se borran) y subiendo la historia para que cientos de chicas quieran ser parte de la velada. Con esa imagen me fui a dormir, ahorrándome el momento del boliche que seguro llegaría unas horas más tarde.

Hoy me levanté para ir a ver el partido de las chicas que se jugaban la categoría. Era un día normal, con un sol ardiente que te estropeaba los ojos, con algunos amigos y dos mates (algo casi irreal) para disfrutar del encuentro desde la comodidad de la tribuna. Adentro, Alemán se dirimía en una batalla contra Maristas de SR y el infarto estaba al caer en algunos sesentones que sufrían hasta el paroxismos con los vaivenes del resultado.

Hasta ahí era algo cotidiano. Y digo hasta ahí porque a esa altura del medio día pasó lo que me vengo preguntando hace tiempo: de la nada apareció Nieto (conste que nadie de los presentes lo vio estacionar, ni subir las escaleras, ni llegar) y a mi reacción tardía ya se había tomado tres mates. Me distraje del partido, me volví a perder, otra vez, en los pensamientos. ¿Qué hacía este tipo ahí, a las 12 del medio día de un feriado si ayer había sido la figura y se había acostado a la siete de la mañana en pedo y con tres minas al lado?

Y si todo era un cuadro completamente extraño, el detalle de su prenda termino de bizarrear el momento. Nieto tenía una chomba roja con el escudo de la Asosiación de hockey, sin planchar, con esa tela que te invita a transpirar. Me dijo que le tocaba arbitrar el partido que seguía (que nunca nadie sabrá cuál era) y ahí, en ese instante fugaz, entendí todo: Nieto es un superhéore, como Peter Parker o como Bruno Díaz. Un tipo que en la semana labura, que paga la cuenta del teléfono para que no le corten los datos y se toma el bondi para ir al centro. Que es árbitro y dirige con una remera arrugada porque los mangos le vienen bien y que tamién sufre por amor de vez en cuando.

Aunque en realidad todo eso lo hace para distraer a boludos como yo (y tantos como yo) que nos comemos la película de que el auto no le arranca en la mañana y le hierve el agua del mate en la pava eléctrica mientras los fines de semana saca el traje de jugador del placard y se disfraza de superhéroe.

Que en los momentos donde el mal acecha tiene ese poder para reventar cualquier arco y devolver toda la calma a la ciudad, que festeja los goles porque se lo piden los amigos y que sale campeón porque es el deber que siente que tiene que garantizarle al pueblo. Por suerte, en el reparto de roles de la Liga de la Justicia, le tocó Dorrego y no Ciudad Gótica.

 

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