Institucional

El día del padre

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Alemán goleó a Vistalba 5 a 2 y es el hecho menos noticioso de todos los medios. Una sana costumbre

La noche del sábado me encontró sin ningún plan. Un lomo, algo de zapping y a dormir en el silencio de mi habitación. Nada atractivo en los canales de deportes, tuve que recaer en alguno de los estrenos que otorga un sábado a la 1 de la madrugada la grilla de programación de las películas. En Fox pasaban Gladiador, y me juré no verla por enésima vez. Siempre me pregunto porque habiendo tantas opciones siempre pasan la misma. Creo que casi todos la ubicamos: un actor(que para mí se parece a Alejandro Sanz) que defiende su vida en la arena del Coliseo Romano. Escaso de alternativas, la terminé viendo y llegué a la triste conclusión que ese film me cansó, no porque sea mala sino por la cantidad de repeticiones. Algo similar me pasa con ustedes, señores jugadores de Alemán. Me cansaron. Porque la foto es siempre la misma: todos ustedes, sonriendo en un vestuario, algunos en cuero, otros con la manito posando para la cámara, después de ganar el clásico. La historia es siempre la misma, como en Gladiador. Cambian los escenarios, los torneos, las instancias pero ustedes siempre ganan. En el campeonato local, en el torneo de verano, en la final de la Liga Nacional, en la Play Station. Alemán se acostumbró a dejarse el derby contra los primos y a mi medio que me aburre, porque sé que el desenlace será siempre el mismo: Leo Coria hará un golazo, Valencia marcará otro, Sedano será una muralla, Lucentini jugará de lo que sea, Moyano se jugará la vida, Lucho dejará la piel, Rodríguez correrá hacia la eternidad, Felipe Ponce no se cansará nunca, Nieto mojará en ese sano hábito que tiene, en fin. Película repetida, nada de esos libritos que tenía cuando eres un pibe donde podía elegir el final de tu propia aventura. Este equipo no te da opción. Porque encima vuelve el incansable Joaco Ponce, y no sé si a todos les pasa, pero que lindo es verlo con la camiseta del club, jugando con sus hermanos (los de sangre y los otros) como si estuviera en el patio de su casa. Porque los pibes respetan la historia y te ganan hasta en el pan y queso en el recreo del colegio. Porque Toto parece que tiene la experiencia de García y sale del fondo como si tuviera los 90 años que luce en su camiseta, porque Nico Caicedo se come la cancha desde el arranque como si enfrente no jugará nadie, porque el Ratita sale a la cancha y queda pelado de gol con su Grito que significó el 2 a 1 parcial, porque el Golea asoma con su timidez de pichón de crack y porque Pozzebon hasta te juega de arquero. Porque Caicedo golea pero lo sigue viviendo como si aún luciera los cortos y sigue con esas ganas de exprimir a sus jugadores como si no hubiesen ganado nada.

Me cansaron porque pensé que sin la mitad del equipo que anda desparramando su hockey por algún lugar del planeta la cosa se iba a poner fulera. Sin Nicito, Ojeda, Toti, Gudiño, Clement, García se supone que van s perder, además, teniendo en cuenta que Perez y Simón Ponce lo miran sentaditos desde afuera. Pero no, ahí van, otra vez, a seguir agigantando la leyenda, a quedarse con otro clásico, a posar en la intimidad sonriente del vestuario.

Algo más acá, en la pantalla de mi televisor, Gladiador está por terminar. Me tienta ver otra vez al clon de Alejandro Sanz muriendo en la arena del Coliseo mientras se va a encontrar en la eternidad con su familia. Aunque no me hace falta porque ya la conozco de memoria, como me pasa en cada Alemán – Vistalba. La culpa, entera, es toda de ustedes.

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