Hockey

Un pasaje a la historia

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Es casi imposible no ser cansador al momento de escribir un texto sobre Alemán campeón, es que ya son nueve títulos desde que trabajó en el club y la originalidad medio que se agota. El equipo de Caicedo es el mejor una vez más, en una camada que ya pinta para histórica. Hay que ser sinceros: Alemán es el uno porque al margen del talento que tiene en su plantel, se mata en cada entrenamiento para seguir estando en la cima de todo.

Esta vez tuve miedo, miedo de que ese equipo chileno que es casi una selección nos vacune por todo lo que se habló en la previa y por un torneo que estuvo mal parido desde siempre (habría que analizar si sirve esto del certamen Trasandino). En ese temor también tuve un lapso de lucidez y me acordé de grandes procesos que terminaron alguna vez: el Barcelona de Guardiola y este incipiente fin del tremendo River de Gallardo, por caso. Ahí pensé que tal vez era el momento, porque una camada no puede ser eterna y porque ser campeón no es cosa de todos los días.

Suena a fósforo, a pensamiento mediocre, porque uno cuando se acostumbra al éxito no quiere dejarlo. Yo voy a ver a Alemán y se que tarde o temprano va a ganar, que alguno de estos pibes va a inventar algo para dejar todo en la normalidad del triunfo eterno y eso es culpa de esta generación dorada. Por eso ayer ese miedo desapareció, porque sé que Obras es un equipazo, duro en todas sus líneas, con un corto tremendo pero también sé que contra estos tipos es prácticamente imposible.

El primer par de cuartos murió en cero y algunos medio que se miraban de reojo. No tuve temor, repito, ni sabiendo que el rival era top en los penales. En el tercer período todo fue normalidad, porque Changa abrió el camino y la gloria empezó a asomar. Otra vez. Dito Arata hizo un gol de otro planeta y ya el 2 a 0 le dio la bienvenida al goce.

Como el destino es bastante hijo de puta llegó el descuento de Obras, para acelerar la taquicardia más de lo normal. Y ahí dio la cara Sedano, para bancar la parada y sentenciar la historia. El tiempo se extinguió, dándole  paso a esa corrida eterna hacia el medio de la cancha, la ronda tomados de las manos, los abrazos inmortales. Las lágrimas. Y acá me quiero detener, en el morbo del llanto, porque sí, porque no me parece dejarlo pasar por alto, siendo un detalle tan hermoso. Lloran todos, en la materialización de las lágrimas algunos, con la procesión por dentro, otros. Todos coinciden en la emoción de poder concretar los sueños, que aunque sea repetitivo, alcanzarlo siempre tiene ese gustito especial.

El desafío volverá  a renovarse mañana, resaca de por medio, modorra al margen. En el horizonte asoma otro campeonato, para ensanchar la vitrina, para alimentar la historia. Alemán va camino a hacer algo grande, al menos para la gente que habita este deporte y no saben que lindo se siente ser parte.

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